La consagración
El concurso era de una severidad temible, y el fracaso, doloroso. Algunos de los más grandes lo intentaron varias veces — Jacques-Louis David concursó cuatro años antes de vencer; otros, rechazados, se hicieron un nombre contra la Academia. Pero para el vencedor era la consagración: una pensión, un taller y la entrada asegurada en la carrera. Durante tres siglos, el camino de Roma pasó por esta verja.
Un largo paseo recto entre los setos de laurel
